martes, octubre 30, 2007

Entrañas

Las ilusiones llacen tiradas en el piso de mi cuerpo, dormidas en sus laureles y roncando destazos de sueños que la razón destrozó. A la mitad, mi alma somnolienta de pasión no atina ejercer la lucidez, queda presa de la pereza del mediodía y carcome los segundos a bocanadas. El tiempo se acorta en el techo de la razón, donde ejerce a su reino la más oscura tiranía. Uno a uno los días quedan sometidos al torbellino de las horas que la razón reprime con mano de hierro.
Los eternos rebeldes del inconciente, salen burlando defensas férreas como vigas de acero y blanden la espada de ansiedad a sus enemigos, la lucha se eterniza y el alma se paraliza aún más. El temblor no cesa desde el origen, engendra monstruos y alimañas que intentan devorar a la creación, que erguida enmedio del solar de mis recuerdos se mantiene pura e incolumne, ella lanza los destellos que llevan la vida a mis entrañas.

martes, octubre 09, 2007

Cuentagotas

A cuentagotas cae la ilusión, a cuentagotas se nutre este sitio de sútil indiferencia. Entre lo público y lo privado se construye un arco de conocimiento de sí mismo. A cuentagotas, de dulzura y ardor, de odio y coraje. Así, con los dedos hinchados de deseo por las letras reescribo desde lo público.
Espero llegar a escribir desde lo íntimo.

jueves, septiembre 27, 2007

Nada

Espero, conciencia de esperar. Algo será, algo de luz y de sombras. Algo de ti y de mi. Esperar, es siempre esperar. Mientras un tiempo ajeno te come las entrañas, pero espera y veras.
ESPERA

miércoles, septiembre 12, 2007

de sueños (1)


Me dí cuenta de que era un sueño

cuando las palomas volaban por el suelo y el mundo rerspiraba agua.

Desde entonces duermo.

Vocación


Después de mis tropiezos y fracasos a lo largo de mi vida, descubrí que no tengo vocación de hombre.
Mi lentitud me afirma que hubiera sido un excelente caracol.

lunes, septiembre 03, 2007

Sir Oboe


Hace 150 años aproximadamente, la expedición de Sir Oboe salió de Iquitos rumbo al corazón del Amazonas, entre los rumbos que los valientes hombres anduvieron no quedan grandes testimonios, sólo un testimonio de Sir Oboe se conserva en el museo de las culturas de América en Madrid. Versa así: "No vengan, nuestra piel y nuestras mentes no son para este lugar. No nos pertenece, es de ellos. Nada tenemos que hacer aquí".
Este trozo de papel estaba entre las cosas del explorador que llegaron a un pequeño puerto del Brazil atados a un tronco. Nada se sabe que le sucedió a Sir Oboe y a su expedición, los ingleses negaron todo.

jueves, agosto 23, 2007

Golem

Sin sentirlo, sin saber que suceso extraño pasó. El día se transformo en noche, la bruma comenzó por envolverlo todo. El sueño inundo las aguas, todos callados y somnolientos fueron lentamente de regreso a sus hogares.
Con esa lentitud las calles quedaron desiertas, pequeñas ráfagas de aire hacían remolinos con las hojas caídas. El frío llenaba todo, las esquinas, las escaleras, las cornisas. Nadie se atrevía a salir, algo rondaba el aire, su zumbido agudo recorría las plazas y se estrellaba contra la iglesia. Enfrente, el barrío judío se veía más oscuro y siniestro. En la Sinagoga había una luz de vela, tal vez, la única en toda la ciudad. Dentro, el Rabino Meyrink daba el último retoque a su Golem. Pusó EMET en la frente del humanoide de arcilla y éste cobró vida. Sus oscuros ojos, velados por la penumbra comenzaron a moverse con vida. La sonrisa del Rabino fue espontanéa. Su creación vivía y cada vez más cobraba una fuerza sobrehumana, no hablaba, pero entendía y movía sus miembros con fácilidad.
A mitad de la noche, cuando la luz dejó de alumbrar los muros de la Sinagoga, el Golem comprendió todo y en un acceso de furia mató a su creador, lo ahorcó hasta que el hálito de vida se le escapo, el cuerpo cayó sin vida y el Golem se vistió de Rabino.
Desde entonces vive en la Sinagoga y las noches frías y oscuras sale a cobrar su cuota de sangre.

jueves, agosto 16, 2007

coyuntura


La eterna coyuntura se abrío de repente, creía que la certeza era mi amiga y entonces me dio la espalda. Me quedé esperando una respuesta que nunca llegó, la incertidumbre se apoderó de esté cuerpo que ahora vive a expensas de la duda y la sinrazón.
Es la misma incertidumbre que escribe, respira y baila. No más certeza, ella murió al amanecer, sólo lo incierto le espera a todos desde ahora, desde el presente.

miércoles, agosto 15, 2007

Cúpula


Cayó de pronto, subitamente sentí un rayo que penetraba mis entrañas. Después, todo era luz. Una enorme entrada llena de claridad, ninguna forma se veía sólo el resplandor me esperaba al final del camino.
Un túnel amplio donde esa misma luz de la entraba iba invadiendo todo, se convertía en el aire y al respirar se metía en mis pulmones y exhalaba un humo luminoso, como el vaho en invierno. Al traspasar el último umbral un ruido me detuvo. Una voz llamaba entre murmullos que se iban acercando mientras yo me alejaba del umbral y la luz se regresaba al túnel de donde venía, hasta que todo quedo convertido en oscuridad. Al fin abrí los ojos y noté que una lámpara alumbraba mi cuarto. Mi hermano me hablaba, quería jugar al balón.

martes, agosto 14, 2007

Retorno


No pensaba escribir más en el blog, un razonamiento basura me dijo que no había un claro porqué escribir aquí, en un espacio ilimitado de información. Aún así, volvío a seducirme la idea de escribir y lo haré. Como ejercicio, como critica a mi mismo o como una serie de comentarios. No hay un motivo real para hacerlo, pero tampoco para no hacerlo.
A veces le faltan a uno fuerzas, si les pas igual hay les va una mano.

sábado, mayo 05, 2007

Villano


¿Quién es más villano?

a) Danglars (Delator de Edmundo Dnatés)
b) Yago (Enemigo de Otelo)
c) Mauricio Garcés en el Maleficio (Es evidente que no es Mauricio Garcés por que ni sale él, jajajaja. Ernesto Alonso como Enrique de Martino)
d) El oficial Javert (Perseguidor de Jean Valjean)
e) Las momias de Guanajuato (Luchando contra el enmascarado de plata)
f) Jason (Amargado hermano de Benjy)
g) Los libros de caballería (Que enloquecen a Alonso Quijano)
h) El cardenal Richeliu (Enemigo de D´Artagnan)
i) Dark Vader
j) Sauron (Quién desea la tierra media)
k) Messala (Traidor de Juda Ben-Hur)

OPINE: Para declarar el mayor de los villanazos (dibujo estilo Licona)

sábado, abril 28, 2007

viernes, abril 27, 2007

De lejos se ven los toros

I

Afuera, el inquisidor de las sombras, llena con una luz clara y amarilla la plaza. La gente contrasta entre lo fresco de la sombra y el agobio del calor que vuelve más intenso el jadeo y los ánimos de fiesta. Pobres y desgarradas nubes que surcan el cielo entre los calores de un sol lleno, un aire puro y un viento débil.

Todo marcado por una hora en la tarde, del estado crepuscular previo al éxtasis. A ese estado onírico que crece en expectativa, en un deseo de ver la batalla del hombre y la bestia, del valor contra la fuerza. Los ojos vaciados al ruedo miran en torno de la desierta arena, del fastidio de la espera, el anhelo de la recompensa del espectáculo, único, desgarradoramente real.


II

Recuerdo los prados verdes con la lluvia, la ganadería dejaba que desear, por eso me apartaron, me soltaron a vagar por los montes con mi soledad. Dos años de libertad y uno más de enojo, practicando a pedradas bajo el cielo, estaciones que recorrían mis sienes, así fortalecía los miembros. Comía para hoy, crecía año con año para enfrentar al hombre. No me molesta ni el sol ni la arena, me despiertan coraje y rabia por la vida, por los encierros, por las ancas tatuadas de calor. La sangre galopa en mis entrañas, me ciega de ira, de jugarme la vida en está arena.

Me despiertan mis nervios, me molestan las puyas. Los ojos pardos no me ayudan, sólo el olor de cuerpos, del movimiento, de transpirar enojo. Ese se esconde tras la tela, lo envuelve el miedo sordo, un terror a mi cabeza, al roce de mis pitones.

No era tarde y decidí correr por los pasillos, salir ante los movimientos, ante el ondear de los olores, ante los caballos que me amenazan, jinetes rollizos de posturas irónicas, con sus lanzas hiriéndome, envisto con coraje y sin temor, con bravura ante el breve dolor en el lomo, sentir mi sangre me irrita, me devora, me exalta ante los sonidos metálicos de la arena, acorde de la risa y del llanto. Les gusta el lomo, lo atacan, desprotegido me llenan de banderillas, prueban mi bravura, excitan esa rabia con la sed de la venganza.

Tomar al hombrecillo y lanzarlo por los aires, sé muestra con la tela, solo, me grita, mide y se acerca, me queda la envestida y el honor de rozar su barriga escurridiza y móvil. Esté cansancio me paraliza, mis costillas se tensan, las patas se mantiene firmes hasta el final, que se avecina como tormenta, mis últimas fuerzas me lanzan al encuentro, a la suerte donde siento el metal en mi cuerpo, mi negra piel se rompe, me traspasa, el grueso cuero cede al mango y acero, la sangre se desparrama, náusea, mareo, un vértigo que me incita a levantar la cabeza de filosos pitones. Por fin lo toman, soy vengado en mi esencia, me despido al caer con la vana ilusión de haber ganado, hasta que el sueño me calma, me tranquiliza, me voy poniendo quieto, el aliento se va, me despierta vagamente cuando me sujetan a las mulas y sólo me llena el frío…

III
El altar de la morena está con una veladora encendida y lista, ella lo ve todo, bendice la lidia, llena de gozo y motivación. Enfrentar a la bestia, la muerte brama como un peligro próximo.

Mi terror en alto, mi rostro con el ardor de la sangre que se deja escuchar entre las sienes, nubla la vista de una extraña grandeza, una exaltación momentánea de rebeldía ante los astros. La luz incandescente me ciega de momento, con pasos cortos recorro la arena, ese círculo caliente de un rojo vivo e intenso, el color que me impide descansar, se mete como obsesión entre mis fantasías y mis sueños, me sacuden los coros de trompetas y gritos que anuncian el inicio. La tensión me irrita, el mundo se funde en un capote vistoso, enorme, que se mueve como ala diabólica, inicio está lucha febril contra la muerte.

Lo recibo hincado, en espera del sonido arrollador, del rugido que me excita a cada paso, los golpes en el suelo blando, retumban en mis oídos. El ambiente me vuelve inquieto, taciturno, hasta qué la figura animal sale con tremenda fuerza. Pasa al lado con resoplidos graves, el movimiento claro, luce la suerte, el arte en el filo de lo negro, del pavor y del odio. Nuestras respiraciones esperaban impacientes el momento del ansia, de la vida que se escurre como sudor salado, una mezcla de granos minúsculos, de piel enchina y de tensión en los cuerpos. Flexiones poderosas, mis píes inmóviles que sacuden las embestidas de furor, esa paciencia cultivada por los años, esos días de práctica y campo en las luces de aurora, en la espera de mi turno y de mi tiempo. Dos, tres, más pases de templanza que moldean mis fuerzas y aplacan mi ansiedad.

El tiempo pasa, los picadores atacan el frente y el dorso del animal, despiertan su odio, más bravío. Por los lados se abre una brecha que deja escapar la espesura de sus entrañas, esa sustancia que se mezcla en la arena y que la tiñe de dolor y de arte.

El tercio termina con mi boca seca, remojada de vino revuelve pensamientos, confunde mi cielo. Quiero triunfar, vivir, salir cargado de entrañas que se funden conmigo, de trofeos mortuorios. ¡Fuera¡ del ruedo, ese toro es para mí, estamos emparejados desde el origen, de su crianza virtuosa y mis años de ejercicio y práctica. Un primer par sin dificultad se clava en su sitio, inmóviles ante los reclamos del animal. El segundo par, lo plantó más abajo, lejos del sitio, al primer movimiento salen volando por los cielos. Corro tras tablas por un tercer par en colores vivos, brillantes, siento la firmeza de mis puños, las envuelven. Salgo al paso con los brazos levantados, a su encuentro en un arqueo perfecto planto las dos; una en el lomo negro, la otra en el espacio que no la sostiene, suelta al suelo sucio de tierra y sangre. Las trompetas cierran con fuerza el tercio, el fin y el principio.

La muleta se moja de sangre y baba, los pases naturales, derechazos, revés, salen virtuosos de una fuente. Cambio de espada, listo el animal responde a mi olor, se mueve y me busca, ahora es invencible. Con la fuerza hacía adelante empeñada en dos pitones bien puestos y filosos, no acepta negativas ni titubeos, pasa a escasos centímetros de mi vientre, siento la angustia, esa liberación del miedo. La vida y su cortejo de emociones en un instante, ante el roce de esos cuernos ceñidos a su cabeza impenetrable, esos nervios forjados en acero muestran mi debilidad, compensada a base de pensamientos, de una lucidez única. El desfile de temores ha comenzado.

Tres pases más, el animal parado con la vista fija en la muleta. Sus claros resoplidos inundan la plaza, con las patas juntas espera la última embestida. Reúne sus fuerzas en los pitones, con la espada desenvainada reflejo el sol, regalo destellos y formas que se funden en ojos y cejas embriagadas de pasión. Esperan por una muerte, sé justifica el arte y la espada se tensa a mi brazo. Me perfilo lentamente mientras aspiro el aroma de la tierra, el olor de su sangre.

La batalla y la fiesta en un solo instante, un momento del que brotan latidos. El silencio atenúa la pasión con la esperanza del triunfo en un movimiento. Mi fuerza puesta en el puño, en la hoja que traspasa su lomo y se hunde en sus carnes. Esta vencido y lo sabe, en su última embestida me hiere, sus pitones me ganan, quiere mi muerte como su recompensa, Toma la ingle y me levanta por el cielo. En la caída frívola de mi cuerpo se mezcla de sangre, la arena nos hermana.

El toro, a cada paso desfallece hasta caer contra las tablas entre suspiros finales. A cambio, mi cuerpo tendido entre sus babas, arena y sangre. Llega la camilla y mi vista se nubla mientras se despide de mi rival. Unos borbotones brotan de esa herida de horror y angustia, de la muerte cerca que resopla mi nuca, que me toca con su mano fría…

IV

Esa mano, tú mano fría, me arranca del dolor, me salva del sueño amargo de mi juventud, del onírico encuentro con la muerte, de mi conciencia y mi pasión asoleada de tarde y luces. Entre los tercios y las alternativas mi boca seca de angustia falsa que me removió las entrañas de susto y de frialdad, con la certeza de aficionado, de un carácter breve y sencillo, de un profeta y saber que de lejos se ven los toros.

viernes, marzo 30, 2007

El sueño

Soñé que volaba, en serio soñé que volaba. Ya se que usted amigo me dirá: hombre, todos soñamos que volamos. Pero ¿usted ha soñado que vuela sobre un enorme rancho, lleno de vacas y rodeado de verdes maizales? Ya lo creo que no. Deje que adivine su sueño. Uno muy común y no sólo en usted, aclaro, es aquel en el que su sueño gira en torno a la habitación, el sueño comienza con un desprendimiento, su adormilado cuerpo se parte en dos. La parte superior más ligera voltea frente a su otra parte, consigo mismo. Ambas partes de su cuerpo quedan unidas por un delgado hilo de plata que sale del ombligo, el hilo se puede estirar y con práctica alejarse más y más, hasta llegar al techo. Logrado esto y dedicando más práctica a ello, puede deslizarse por todo el cuarto, y en un arranque de valor lanzarse en picada al piso, evitando chocar milímetros antes.

Insisto amigo. ¿Usted sueña que vuela sobre un enorme rancho ganadero, dónde cada vaca se espanta las moscas con su cola y cada milpa se mece con el viento? Claro que no, se lo aseguro. Permítame explicarle: Mi sueño comienza con una transformación y no con un desdoblamiento. Primero me encojo sobre mis piernas, en cuclillas y extiendo los brazos al frente, me preparo respirando pausadamente. Después de unos minutos salto con todas mis fuerzas, en ese momento doy un aletazo, mis manos responden llenándose de plumas y mi pecho se ensancha. Si la fuerza es mucha, avanzo hasta las nubes y desciendo lentamente, planeando por entre ellas hasta ver una mancha verde que crece poco a poco; el rancho lleno de vacas.

Para lograr el sueño no se necesita práctica, le diré el secreto. Es un sueño simple y placentero como el limbo, que para lograrlo, el ejecutante, el soñador solo debe estar muerto.

AGS 2007. Ricardo A. Saracco A.

lunes, marzo 05, 2007

COLMILLOS 2a PARTE


Imagina una niña aterrada del susto - seguía la abuela- me quedé quietecita. Ella se acercó lentamente, deslizandose por el suelo hasta llegar a mi lado y clavarme esa mirada festiva. Yo estaba inmóvil cuando ella sonrio, sus dientes eran perfectos, blancos y alineados a excepción del colmillo izquierdo que estaba chueco. Le devolví la sonrisa mientras me lanzaba a sus píes a rogarle por mi madre. Creí que me iba a patear o a dejar tiesa como los criados.
Al terminar la historia de mi madre, sólo movía su cabeza en forma de asentimiento. Ya lo sabía - contesto con una voz gruesa - me lo dijeron los criados. Vamos, pero te va a costar. Rápido saqué los dos pesos de oro y se los dí, los vio con desdén y río a carcajadas. - Toma niña - dijo mientras me los devolvía -, no me refiero a eso. ¿Entonces? - le pregunté -. Volvío a sonreír mientras me tomaba de la mano. No temas, no temas -decía cómo para sí-. Mi madre a los dos días sanó de esas fiebres y se mantuvo hasta los 85 años lúcida.
Mi abuela sonrío. Ahora entiendo por qué le falta el colmillo izquierdo.

lunes, febrero 26, 2007

COLMILLOS I


De niño, mi abuela me contaba unas leyendas exquisitas. La que más marcó mi memoria es una que ocurrió en el año 1911 en plena lucha revolucionaria, mi abuela tendría entonces 7 años de edad y afirma que la conocío.
Era una mujer extraña, alta y gallarda, con la barbilla fina y algo levantada, vestía como en plena época porfirista, además de mostrar un desdén admirable por la naciente revuelta. Antonia se llamaba, a sí misma se nombraba Dra. Antonia, especialista en colmillos. En aquel tiempo, el toque de queda comenzaba a las 7 de la noche, antes de caer el sol y toda la ciudad debía guardarse con recato, nadie debía salir. En abril del 11, a tu visabuela le entraron unas fiebres terribles, comenzaron después de nacer tu tío Petronio. Se ponía pálida y deliraba, decía cosas extrañas. Asustaba de oirla, entre sus gritos pedía a la Dra Antonia, gritaba que antes del sacerdote viniera ella. A su deseo mi padre (tu visabuelo) la mandó buscar, el criado no regresó, a la tarde mandó al segundo criado a buscarla y tampoco regresó. Mi padre creyó que lo habían reclutado los pelones para contrarestar la revuelta, eso era común entonces y no despertaba sorpresas. Al final de la tarde mi padre fue a buscarla y al poco tiempo regresó acompañado de dos soldados que lo traían detenido, lo soltaron en el zaguán advirtiendo de manera ruda que si volvía a pisar la calle después de las siete, lo iban a encarcelar. La deseperación de mi padre era mucha, se jalaba los cabellos y se removía inquieto en su asiento.
Yo me paré delante de él y le dije que iría a buscar a la Dra. sabía donde vivía y como llegar, era más fácil que una niña pasará inadvertida, a qué encerraran a mi padre y ver a mi madre decir esas cosas. Llorando accedió y me dio un papel con la dirección de la casa junto con unos pesos de oro, para cualquier cosa.
La noche, lo recuerdo bien (suspiro) era tibia, hasta agradable, sólo tres cuadras derecho y media dentro del callejón para mi destino, nada pasó por el camino, unos perros ladraron lejos, pero ningún hombre. Llegué a la casa y la puerta estaba abierta, me pasé un poco asustada, en el vestíbulo vi a los criados tirados con una mueca en la cara y sin colmillos, no se movían. Atrás se cerró de golpe la puerta y la doctora Antonia apareció. Grité del susto, sus ojos claros sonreían.

jueves, febrero 22, 2007

EL PERFIL


Reza la leyenda, qué en las tardes de nostalgia, justo cuando el sol está adentrándose en los infiernos, el perfil del Inca aparece en la lejanía.
Un recuerdo funesto cubre los rostros de sus descendientes, les recuerda el abismo que los rodea. Ese perfil nace y muere en un instante. El sol desaparece al fin en su eterna batalla y el Inca no logra despertar, sigue dormido en espera de su pueblo, que está hincado bajo el peso de la cruz. La contemplación en la penumbra asoma un ojo entrecerrado, un tenúe esfuerzo su nota en sus músculos, pero termina cediendo al peso de la noche, que se deja caer sin piedad.